El Proceso Humano de Cambiar

Mtro. Eduardo Garza Cuéllar

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Es muy importante enfocar nuestro interés en aquello que como seres humanos está en juego en los procesos de cambio. Reconocer en qué sentido estamos siendo tocados, retados, incluso amenazados por el cambio.
Entonces es posible que al graficar o dibujar el proceso de cambio nos permitirá estar dibujando nuestro propio proceso y podamos reconocer nuestra propia historia. Propongo imaginarlo como una línea horizontal que gradualmente desciende hasta llegar a un punto en el que inicia un ascenso que le permite alcanzar una altura mayor a la inicial.

De una representación gráfica tan sencilla como esta es posible derivar dos aprendizajes de gran profundidad. Vale la pena en primer lugar, entender la necesidad de descender para ascender, y es importante decirlo en una sociedad hedonista (orientada al placer inmediato) como la nuestra, que nos ha engañado y nos ha manipulado diciéndonos que el cambio es muy fácil y que nos puede llevar fácilmente a estados superiores, que no cuesta; se nos ha dicho que el cambio no tiene un factor de inversión de perdida, incluso de dolor. La sociedad de consumo nos ha engañado y no nos ha enseñado lo que en el testimonio de las personas exitosas es evidente: que el cambio requiere de un esfuerzo, que requiere de rompimiento, que requiere cuestionar hábitos, desarrollar compromisos y por lo tanto también renuncias y disciplina.

Cuando entendemos que el cambio requiere un esfuerzo tenemos la mitad del camino andado. Es necesario no obstante entender también que ese esfuerzo tiene un sentido, no solamente ver el cambio como un rompimiento carente de rumbo y de significado. Y la necesidad de dar un sentido al cambio constituye el segundo gran aprendizaje oculto en nuestro esquema.

shutterstock_257375458Quizás el reto fundamental para quienes buscamos el cambio se da en términos de visión. La visión es el arte de ver lo invisible y es necesario recordarlo porque todos nuestros procesos de cambio tienen puntos ciegos; el rompimiento con una pareja, el cambio de trabajo, el desempleo, tienen momentos en los que no es posible ver el sentido de las cosas, en el que el cambio parece perder sentido.

La sentencia filosófica de Nietzsche fue comprobada existencialmente por Víctor Frankl, durante la segunda guerra mundial en el campo de concentración nazi de Auschwitz, del que fue prisionero. Frankl (psicólogo judío de Austria) observó que los presos que más posibilidades tenían de sobrevivir no eran necesariamente aquellos mas jóvenes, fuertes, o menos dañados por las enfermedades físicas, si no aquellos que no habían perdido lo que luego él denominó “el sentido de la vida”: quienes mantenían viva por ejemplo la intención de reencontrarse con su esposa, de volver a ver a sus hijos, de reconstruir su carrera profesional o de rehacer una vida digna para su comunidad.

No es casual que para él -que ha elaborado una de las más importantes visiones psicológicas del ser humano en nuestro siglo- el reto fundamental de nuestro tiempo sea precisamente el encontrar un sentido a la existencia tanto a nivel personal como social.

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Mtro. Eduardo Garza Cuéllar

Instructor Educativo de Educación Ejecutiva

Fundador de Proyecto Síntesis. Ha sido consultor de más de cien organizaciones entre las que destacan Disney, El Colegio de México, la Bolsa Mexicana de Valores, Bimbo, Invex, Porsche, Volkswagen, SabMiller, Avianca, el Museo del Niño, la SEP, GNP, Pemex, Citigroup y Meliá en España, Centroamérica, Argentina, República Dominicana, Puerto Rico, Chile, Perú, Ecuador y Colombia.

Conductor de radio y periodista. Columnista de la revista Este País y miembro del consejo editorial de las revistas Conspiratio y Prometeo.  Autor de numerosos libros y audiolibros. Humanista, miembro del patronato de diversas fundaciones y promotor del desarrollo humano en diversos centros penitenciarios mexicanos. Es licenciado en Comunicación y maestro en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana, postgraduado en filosofía por la Universidad de Valencia.

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