Los Elementos que Integran la Inteligencia Emocional

Ing. Rosa Mary Rodríguez Piana

En la actualidad, escuchamos constantemente el término “inteligencia emocional” y muchas son las áreas donde se intenta aplicar y desarrollar este concepto. Sin embargo, hasta hace poco tiempo se consideraba indispensable tener un alto desarrollo intelectual como licenciaturas, maestrías y doctorados en diversos campos para alcanzar el éxito. El desarrollo del coeficiente intelectual era el direccion capital humanofoco de atención para todos aquellos que deseaban sobresalir en la vida; padres, maestros e instituciones dedicaban todos sus esfuerzos a alcanzar altos niveles en la instrucción técnica y científica. Con el correr de los años, se podía registrar que individuos con una altísima calificación intelectual no lograban desarrollar un nivel de vida satisfactorio, a pesar de su brillante carrera universitaria; sus relaciones laborales y personales estaban lejos de ser gratificantes y por ende, estos individuos tenían un bajísimo nivel de bienestar.

Entonces, salta a la vista que ser inteligente intelectualmente, no es suficiente, que se requieren otras muchas habilidades que no tienen que ver con la instrucción universitaria ni con el coeficiente intelectual para lograr el éxito en la vida. Inicia pues la investigación de esas habilidades que hacen que personas que tienen menor dominio de alguna profesión, logren destacar y obtener el éxito.

Dentro de las competencias que se observan en las personas exitosas, destacan la comprensión de sus propios sentimientos y de los sentimientos de los otros, así como la forma de manejar las emociones para que éstas trabajen a favor de los individuos, y teniendo como base el desarrollo de estas capacidades, es en 1990 cuando el término Inteligencia Emocional es acuñado por primera vez por el psicólogo Peter Salovey de Yale, y por John Mayer, de la Universidad de Yale de New Hampshire.

En la década de los ochentas, se realizan estudios mucho más amplios acerca del cerebro, del porcentaje tan pequeño que habitualmente utilizamos y de la influencia de las emociones en las decisiones cotidianas que nos llevan a tener una calidad de vida determinada; es entonces, cuando se determina que no es sólo el coeficiente intelectual lo que rige y define las acciones por las que opta un ser humano, sino que existe también un coeficiente emocional que interviene en ésta toma de decisiones.

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Howard Gardner

Howard Gardner en 1983 desarrolla la Teoría de las Inteligencias Múltiples, dado que sostiene que el coeficiente intelectual no es suficiente para explicar la capacidad cognitiva del ser humano. Gardner introduce el concepto de la Inteligencia Intrapersonal (definiéndola como la capacidad de reconocer los propios sentimientos, miedos, motivaciones) y la Inteligencia Interpersonal (que define como la capacidad de reconocer los sentimientos, motivaciones y deseos de otras personas).

En 1995 Daniel Goleman desarrolla de manera muy extensa el tema en su libro La Inteligencia Emocional y logra difundir ampliamente el término; Goleman identifica cinco componentes básicos de la Inteligencia Emocional que analizaremos más adelante. Por último, en 1996 Joseph Ledoux, en su libro El Cerebro emocional publica sus hallazgos en el estudio del cerebro y los circuitos neuronales que demuestran que la emoción se genera mucho antes que el pensamiento.

Como hemos visto, han existido diferentes caminos de investigación, se han acuñado distintos términos y los estudios se han realizado desde diversos enfoques pero la conclusión ha sido una:

  • La inteligencia intelectual no basta, el conocimiento y dominio de las emociones, así como la forma de relacionarse, influye directamente en la calidad de vida de todos los seres humanos. La inteligencia emocional y el coeficiente intelectual no son opuestas, por el contrario, una complementa a la otra.

Coeficiente Intelectual vs. Coeficiente Emocional.

Según Goleman, todos mezclamos intelecto y agudeza emocional, algunos poseemos más de uno que de otro, y viceversa, pero, para efectos de diferenciar las habilidades que proporciona el coeficiente intelectual y la inteligencia emocional, Goleman realiza la definición de los tipos puros de individuos con cada una de estos dos coeficientes, y de aquí el siguiente cuadro:

 

Tipo Puro de Coef. Intelectual Elevado

Tipo Puro de Coef. Emocional Elevado

Hombre

  • Tiene amplia variedad de intereses y habilidades intelectuales.
  • Es productivo.
  • Es ambicioso.
  • Despreocupado de su apariencia física.
  • Tiende a ser crítico.
  • Es previsible.
  • Proclive a la obstinación
  • Son sociables y alegres.
  • Tienden a no reflexionar.
  • Poseen un alto sentido del compromiso.
  • Solidarios y cuidadosos con sus relaciones.
  • Se sienten cómodos con ellos mismos y su entorno.
  • Su vida emocional es rica y apropiada.

Mujer

  • Posee amplia seguridad intelectual.
  • Expresa fluidamente sus ideas.
  • Tiene una amplia variedad de intereses intelectuales.
  • Suelen ser introspectivas.
  • Son reflexivas.
  • Son propensas a la culpabilidad y ansiedad.
  • Vacilan al expresar abiertamente su disgusto.
  • Son positivas.
  • Expresan sus sentimientos abiertamente lejos de estallidos.
  • Para ellas la vida tiene significado.
  • Se adaptan bien a la tensión.
  • Gustan de relacionarse con nuevas personas.
  • Son espontáneas y alegres.
  • Rara vez se sienten culpables o ansiosas.

Las personalidades descritas en el cuadro anterior, son arquetipos exagerados que difícilmente se encuentran como tales, pero seguramente, todos podemos identificarnos en mayor o menor medida con alguno de los dos.

 

Elementos de la Inteligencia Emocional.

Para muchos autores los principales elementos de la inteligencia emocional son cinco.; estos elementos no son otra cosa que aptitudes que el individuo debe habilitar para lograr dominio sobre sus emociones, sus reacciones y sus relaciones con otros. Las cinco se encuentran estrechamente vinculadas y son parte del mismo sistema de habilidades.  A continuación revisaremos estos cinco elementos:

  • Autoconciencia.- Se refiere a la capacidad de reconocer las propias emociones en el momento en que suceden. Identificar estas emociones significa conocerse uno mismo. En la medida en que se adquiere certidumbre sobre los sentimientos propios, se logra una mejor definición de la postura que tomamos ante la vida. La autoconciencia no se queda solamente en el conocimiento de las emociones, sino también en la evaluación objetiva y real de las propias habilidades, limitaciones y deseos; nos permite tener seguridad y confianza en uno mismo al momento de tomar decisiones; la incapacidad de conocer los propios sentimientos es permitir estar a merced shutterstock_133714319de ellos, el desconocer o evaluar de manera inadecuada las capacidades propias hará que no se usen de manera productiva y el no identificar las limitaciones lleva a no convertirlas en áreas de oportunidad.

Para lograr la autoconciencia es necesario realizar un acto honesto de introspección para evaluar nuestros sueños, aspiraciones, las emociones más íntimas y muchas cosas más. Cuando se tiene una percepción falsa de sí mismo, influenciada más por el entorno que por la propia esencia a menudo se llega a la sobrevaloración o la devaluación. Posición desde la cual es imposible autogestionarse de manera adecuada.

Reconocer las propias emociones y sus efectos, conocer las habilidades y limitaciones propias, y tener confianza en uno mismo, son las habilidades que indudablemente llevan al autoconocimiento.

Un aspecto importante de la autoconciencia es el respeto por uno mismo. Aceptar los sentimientos más profundos en lugar de negarlos aporta fortaleza a la autoestima, enriquece la vida y la forma en la que caminamos por la misma. Respetarse uno mismo, escuchar a nuestros sentimientos y lograr el equilibrio para sentirse a gusto con uno mismo es la raíz del autoconocimiento.

El ser fiel a uno mismo de manera que podamos hacer las cosas de acuerdo a quien realmente somos nos permite ser auténticos y lograr también un paso hacia el autoconocimiento. Muchas veces las acciones que tomamos solo van empujadas por la inercia de la imitación, de las costumbres de otros o por lo  que pensamos que el entorno espera de nosotros mismos. Esto lleva al individuo a diluirse, a perderse al grado tal que en muchas ocasiones no esté seguro de quién es, o a qué obedece su forma de actuar.

Entonces, la autoconciencia requiere de un ejercicio cotidiano de mirar hacia adentro, de evaluar y re-evaluar las propias aspiraciones, deseos, emociones y sentimientos y actuar de manera congruente shutterstock_118434673con estos. Sólo desde el autoconocimiento podremos tener una gestión adecuada de nosotros mismos y así lograr alcanzar el máximo nivel de bienestar.

  • Autorregulación.- No basta con identificar las emociones, esto es solo el principio del manejo adecuado de las mismas. La autorregulación se refiere precisamente a ejercer control sobre los estados emocionales de modo que faciliten las tareas que debo realizar en lugar de entorpecerlas. Postergar la gratificación en pos de un bien mayor, recobrarse adecuadamente de las tensiones emocionales y hacer que las emociones trabajen a favor en lugar de entregarse a ellos es adquirir autorregulación.

Los estallidos, los desplantes o el abandonarse en algún tipo de conducta autodestructiva, son ejemplos claros de la falta de autorregulación. En muchas ocasiones esta carencia va acompañada de sentimientos de culpa, de sentirse ignorados por el entorno o poco entendidos por sus allegados.

Generalmente son las emociones asociadas a sentimientos desagradables las que disparan el mecanismo de la autorregulación o la ausencia de la misma. Autorregular la ira, el enojo o la frustración no quiere decir ignorarlo, sino procesarlo de manera que sobre ése sentimiento se pueda construir algo positivo. No se trata de no dejarlo salir, sino dejarlo salir de la manera adecuada. Realizar juicios inmediatos y cargados de emocionalidad no favorece la autorregulación, por eso, es recomendable, tomarse unos instantes para reflexionar de manera más fría y valorar un poco más objetivamente las situaciones. Tener en cuenta que comunicarse de manera asertiva y no agresiva logra también un efecto autorregulador ayuda mucho a evitar estallidos de los cuales posteriormente podamos arrepentirnos. Aceptar la responsabilidad del desempeño personal también favorece la autorregulación.

Auto regularse no significa perder la espontaneidad o legitimidad de los sentimientos, pero sí que logremos despojarnos de la irritabilidad, la ansiedad o la melancolía excesivas para lograr obtener un shutterstock_101789485mayor provecho de nuestras acciones.

  • Automotivación.- Cuando logramos ordenar nuestras emociones en base a un objetivo, logramos mantener la atención en ello, disparamos la creatividad y nos mantenemos centrados en un estado de productividad óptimo sin necesidad de incentivos externos. Esto es la automotivación. Encontrar dentro de nosotros las fuerzas que nos impulsen a movernos hacia algún objetivo específico que nos produzca estados emocionales adecuados es gestionar la motivación de manera eficaz.

Un aspecto fundamental de la automotivación es luchar por mejorar y alcanzar estándares altos, esto va de la mano con la conciencia de los objetivos trazados, saber exactamente hacia donde queremos ir y lo que se pretende lograr; salir de la zona de confort encontrando en el alto rendimiento una forma de alcanzar el éxito, asegura la motivación interna constante.

Ser optimista, aprovechar las oportunidades y tomar la iniciativa, son otros aspectos que deben ejercitarse para lograr mantener niveles adecuados de motivación. Encontrar en la adversidad un reto y una oportunidad para progresar hace que los individuos mantengan su nivel de optimismo en un grado que aún con elementos en contra pueda seguir trabajando en la consecución de sus metas.

Las personas que mantienen estas actitudes suelen ser más productivas y eficaces en cualquier tarea que emprendan.

  • Empatía.- La empatía es la habilidad para reconocer las sutiles señales que los otros nos envían y nos indican lo que quieren o necesitan; es desarrollar una especie de “oído emocional” para lograr entablar una relación más profunda con los demás; es tratar de entrar en la mente de los demás, para poder adoptar sus puntos de vista, entender sus necesidades y el por qué de sus acciones. Es una especie de sensor que detecta las señales que de otro modo pasarían inadvertidas y tendrían un alto costo en las relaciones con los demás y en el impacto que esas relaciones tienen el entorno del individuo. Sin embargo, no solo se trata de captar esas señales, sino de volverlas útiles, de apreciar las percepciones de los demás y sobre todo, emprender acciones que lleven a un nivel más alto esa relación.

Para lograr desarrollar la empatía, hay algunos aspectos fundamentales, el primero, como ya lo describimos arriba, es ser sensible hacia otras personas y tratar de comprenderlas, esforzarse y emplear tiempo para entender sus puntos de vista; generalmente damos por hecho que nuestro punto de vista es compartido por el entorno y eso provoca que la empatía se bloquee de manera casi inmediata y que nuestro interlocutor lo perciba, cerrando así toda posibilidad de mirar hacia un mismo punto.

La empatía también requiere habilitar el interés por hacer de las necesidades de los demás el punto propio de referencia. El manejo adecuado de la empatía permite al individuo reconocer las emociones y los puntos de vista del otro, junto con otros factores, para tomar decisiones positivas para todos y sobre todo, que produzcan o mantengan el bienestar propio y de los demás.

  • Habilidades Sociales.- Este elemento es básico en las habilidades que potencializan la inteligencia emocional. Las personas que saben manejar correctamente las relaciones con los demás, que son empáticas, que controlan sus propias emociones y que aprenden a considerar adecuadamente las emociones de los demás, se convierten en líderes, en personas brillantes y con una eficacia interpersonal notable.

Las habilidades sociales son las que nos permiten establecer relaciones sanas, duraderas y
convenientes. El dominio de estas habilidades permite también gestionar de manera efectiva los conflictos que se presentan al relacionarse dos individuos o más.

Para lograr dominar las relaciones sociales es indispensable, antes que nada, la práctica. Esto es, desarrollar y mantener relaciones interpersonales de manera constante. Tener lo que se conoce como shutterstock_142914337una “red” de contactos hecha, y cultivada para poder activarla en cuanto sea necesario; esto no significa usar a las personas sino co-actuar con ellas para lograr objetivos comunes.

Resulta casi lógico asociar la comunicación efectiva y asertiva con el desarrollo de las relaciones interpersonales. De hecho, en este punto se conjugan la gran mayoría de todas las habilidades y aspectos mencionados con anterioridad; por ejemplo, no se concibe una relación interpersonal sana sin un grado adecuado de empatía, y autorregulación, mismas que no se obtendrían sin un autoconocimiento.

La inteligencia emocional llevada a la práctica.

Al revisar los cinco elementos básicos que logran cultivar la inteligencia emocional, se puede apreciar que los tres primeros están relacionados con el desarrollo intrapersonal, es más un trabajo interno del individuo, y los últimos dos tiene que ver con el desarrollo interpersonal. Esto no resulta raro ya que para poder proyectar hacia los demás algún estado anímico, o cualquier habilidad, primero que nada hay que desarrollarla internamente, cultivarla para que después pueda surgir e impactar en el entorno.

Los elementos vistos: autoconocimiento, autorregulación, automotivación, empatía y las habilidades sociales, son un complejo sistema que trabaja como un engranaje y es casi imposible que exista una sin la otra. La carencia o falta de desarrollo de alguno de estos cinco puntos básicos, redundaría en un deficiente desarrollo de la inteligencia emocional.

Estas habilidades se han ido estudiando más a fondo y poco a poco se han desarrollado “test”, “assesment”, y algunas baterías aplicables para determinar el grado de inteligencia emocional tal y como se hace con el coeficiente intelectual. Está comprobado que en la vida laboral, el manejo adecuado de la información que proporcionan estas evaluaciones permiten llegar a estándares de productividad nunca antes alcanzados.

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Ing. Rosa Mary Rodríguez Piana

Ingeniero en sistemas computacionales, coach internacional certificada por International Coaching Technologies, especialista en HighScope, desarrolladora de métodos vanguardistas de educación en aplicaciones y didáctica humanista.

Asesora en problemas del aprendizaje y desarrollo infantil, especialista en enfoque centrado a la persona por el Instituto Gestalt, facilitadora de procesos de desarrollo humano, organizacional y trabajo en equipo.

Directora de CETEC, coordinadora de la certificación internacional en Coaching ejecutivo y equipos de trabajo en el ITESMToluca, socia mayoritaria de Happy Kids, miembro del staff de trabajo de ICT Morelos a cargo de Mauricio Oltra.